San Sebastián o también llamada Donostia( en euskera, el idioma autóctono del País Vasco) fue en su origen un pequeño núcleo de pescadores que vivían de cara al mar y que fueron conocidos, ya desde la Edad Media, por su dedicación a la pesca de la Ballena y el Bacalao.
A partir del siglo XIV, se desarrolla en la ciudad un próspero comercio marítimo, llegando a convertirse en el Puerto de Navarra. En sus muelles, se embarcaban el vino y el aceite para Francia, Flandes e Inglaterra.

A pesar de ser una ciudad fronteriza, pocas veces cayó en manos de sus agresores, aunque sí sufrió numerosos incendios. Incluso fue parcialmente destruida por el fuego, en doce ocasiones.
En 1808, los soldados de Napoleón ocuparon San Sebastián, asentándose allí algo más de cinco años, tras los cuales las tropas aliadas anglo-portuguesas entraron victoriosas en la ciudad. La población civil se enfrentó a ellas, lo que desencadenó una serie de actos violentos que culminaron con la quema de edificios. La destrucción fue total pero los habitantes de San Sebastián decidieron reconstruirla.
Tan sólo sobrevivieron las dos parroquias y una hilera de casas. Desde entonces, este lugar, situado en el casco viejo, se conoce como calle del 31 de agosto. Cada año en esta fecha, los donostiarras salen a celebrar este día, iluminando con velas los balcones de la calle en memoria de los desaparecidos.A lo largo del siglo XIX, Donostia se sumió en un declive importante que acabó cuando el médico de Isabel II, le recomendó darse baños de mar en el Cantábrico para solucionar su enfermedad cutánea. La Reina eligió San Sebastián como destino para recibir su tratamiento y en 1845, se trasladó con sus cortes a la ciudad, expandiendo el hábito de veranear en San Sebastián que se mantendría durante muchos años.
Hasta 1863 no nace la parte moderna de la ciudad, fecha en la que se destruyeron las murallas que impedían su expansión. Al haber sido reconstruida muchas veces a causa del fuego, San Sebastián es hoy una de las ciudades más modernas de España.

En 1914, y con el inicio de la 1ª guerra Mundial, San Sebastián se convierte en la ciudad más cosmopolita de Europa. Fue pionera en la instalación del tranvía, el alumbrado eléctrico en las calles y el teléfono, entre otros adelantos. En aquellos años de la “ Belle Epoque” donostiarra, se construyeron muchos de los bellos edificios que se pueden contemplar en el centro de la ciudad, como el Hotel María Cristina, el Teatro Victoria Eugenia o el propio Ayuntamiento, que en su origen fue un Casino, hasta que en 1947 se trasladó allí el consistorio.
A partir de la Guerra Civil, se incrementó la industrialización, por lo que creció la población y se construyeron más casas. En la década de los sesenta, se desencadena un fuerte proceso de expansión urbana debido a un importante fenómeno de inmigración que atraía la naciente industria y al incremento del índice de natalidad de la provincia.
Desde entonces, Donostia sigue evolucionando. En 1996, se aprobó el Plan General de Ordenación Urbana, por el cual se está consiguiendo crear una ciudad moderna adaptada al nuevo Milenio.